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El Misterio Del Señor De Las Moscas (1ª Parte)

Oyendo las protestas ciudadanas en las vallas de seguridad, el reportero reprimió el impulso de olvidarse de la entrega de premios y cubrir la carga que tendría lugar pronto. Mostró con desgana su credencial y accedió al palacete. Los premios Homero a la distinguida labor en el campo de la excelencia literaria estaban patrocinados por el grupo editorial al que pertenecía su periódico. No era el momento para ejercer el periodismo Gonzo. Ocupó su lugar en la zona de informadores. Ante un auditorio a rebosar, aparecieron los cuatro ganadores:

2012-11-07 - El Misterio Del Señor De Las Moscas (1ª Parte) copia

Mario Xavier, insigne literato, había rechazado el premio por motivos éticos: «sólo los lectores pueden financiar mi trabajo». Pero cuando el jurado dio un viraje radical y le sustituyó por Noel Garay, el guionista de novelas gráficas, se armó tal revuelo entre los académicos que se cambiaron las bases para que en el futuro sólo pudieran optar a él «autores serios». Forzaron a un indignado Xavier para que reconsiderara. Al final, el premio se concedió ex-aequo, con el consiguiente berrinche de Xavier y la indiferencia de Garay, más conocido en el mundillo como El señor de las moscas por su escaso interés por la higiene corporal.

Un aplauso atronador inundó la sala cuando Noel asomó su luto perpetuo por la tribuna de premiados. Xavier se cruzó de brazos. Junto a ellos, Jesús Etcetera, blogger autobiográfico premiado en el ámbito de la literatura online. En sus historias, no sabe nadar, su perro está loco y mantiene una extraña fijación con los alemanes. Finge estudiar informática. Por último, recibiría un premio por su labor en la literatura rock el veterano Robe Rocker. Un melenudo hosco y zafio, cuyo disco Me he quedao con tu cara había dejado a Sabina para el retiro. ¿por qué Robe se presta a esto? Estará tieso.

Una vibración en el trasero le recordó al reporter que había olvidado apagar el móvil. Sólo faltaba que lo expulsaran. Leyó el mensaje…
… Y luego lo volvió a leer
«Uno de esos cuatro premiados es un farsante ¿tendría usted la bondad de exponer esta cuestión en su turno de preguntas?» («número desconocido»)-
Quedó perplejo. ¿Era cierto? Y, de serlo ¿Por qué a mí? ¿pensaba que tendría el valor de denunciar ese escándalo sin pruebas? «Bien, pues no lo tengo».

Tras un mal rato escuchando las divagaciones pretenciosas de Xavier, (se marchó al acabar su discurso, con gesto serio), llegaron los balbuceos de Jesús etc («yo sólo sé hablar por el chat de Gmail…»), la actitud pasiva-agresiva del rocker y la exasperante lentitud verbal de Noel. Odiaba sus orejas, las llevaba siempre ocultas bajo una cortina de rizos azabache.

Llegado el turno de preguntas, su dedo índice se levantó, meneándose nervioso como si llevara el swing en las venas. Pensó, con el corazón en la sién, que era su gran oportunidad; la de quedarse sin trabajo. «Señores del jurado.. Me temo que dispongo de una información referente a estos autores que… Creo… Uno de ellos es un impostor».

Menudo revuelo. Allí había ministros, académicos… Su jefe. Con Xavier ausente, Garay permaneció inmóvil. Jesus etc se desmayó. Y Robe se partía de risa. Se decidió que nadie se movería del hotel hasta que se resolviera el asunto. Se permitió a los periodistas realizar las entrevistas pactadas. Entrevistó a Xavier esa tarde. Su éxito de disparó cuando decidió prescindir de la h en sus escritos. Se convirtió en una tendencia. Tratar a alguien así de pedante es insultar tu propia inteligencia. Estaba en presencia de un genio. Al cabo de una hora, Xavier se disculpó, tenía que comprar tapones para los oídos, sufría de liguirofobia.

Jesús etc se encerró en su cuarto y se negó a ser entrevistado. Por la noche entrevistó a Robe, pero andaba empecinado en esconderse detrás de su personaje. Por tanto, imposible hacerle hablar de cuando Garay rechazó reconocerle la co-autoría del primer volumen de Mundo hierático, la historia que hizo de Garay un hombre rico. A la mañana siguiente, tenía cita con Garay. La puerta de la habitación estaba abierta. Entró anunciándose. No hubo respuesta. Lo encontró echado en un sofá.

Un suave golpecito en el hombro y Garay se desplomó. Tenía el aspecto de alguien sano como una manzana, pero al reportero no le cupo duda. Noel Garay estaba muerto.

Continuará…

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