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El Misterio Del Señor De Las Moscas (2ª Parte)

El forense estaba perplejo. Noel Garay lucía sano como un roble, y aún así estaba muerto. Ni respiración, ni latidos. Como si fuera a despertar en cualquier momento.

El inspector permitió al reportero merodear: «Tú lo has roto, lo arreglas». Pronto se supo que el SMS que alertaba de un impostor en los premios había sido recibido por todos los periodistas presentes en la rueda de prensa. Sólo él osó preguntar.

2012-11-14 - El Misterio Del Señor De Las Moscas (2ª Parte)

Garay llevaba unos auriculares en las orejas, pertenecientes a un móvil desaparecido. Era raro ese complejo de orejas que tenía; Al reportero le parecieron totalmente normales.

Los de laboratorio hallaron algunas hebras de pelo muerto, definitivamente de una peluca. Bastó para encerrar a Robe Rocker.

El reportero protestó. El pelucón de Robe era una prueba circunstancial. El Inspector se encogió de hombros: «El Ministro de Interior le tenía ganas desde el piquete de la huelga general».

Robe había escrito un cómic seudofantástico y alucinógeno. Se la envió a Garay para pulirlo y compartir la autoría. Nunca respondió. Cuando se publicó el primer volumen de Mundo hierático. Robe sintió que le había robado la idea. Nunca pudo probarlo.

¿Entró Robe en la habitación de Garay? ¿Lo mató? Quizás discutieron, Robe era un tipo chulesco. Pero asesinarlo…

A Jesus Etcétera lo detenían a bordo de un taxi que avanzaba a 30 por hora. Difícil vincular a Jesús con el asesinato, pero su huida resultaba sospechosa. Imposible hacerle hablar en los interrogatorios, aunque tenía siempre la boca abierta… Sudaba mucho.

Mario Xavier difundió una nota lamentando la muerte de Garay, a pesar de que su éxito y su narrativa le resultaran «incomprensibles». «Genio y figura», pensó el reportero.

Se le ocurrió comunicarse con Jesús a través de whatsapp. El inspector le miró raro pero accedió.

Un agente llamó: un mendigo tenía el móvil de Garay. Decía haberlo sacado del contenedor junto al supermercado Marcabona…
Marcabona. El reportero pensó que había una conexión.

Descubrieron que los SMS habían sido enviados desde el móvil de Garay.

Mientras tanto, Robe, calvo como una rana, se desgañitaba en su celda.

A través de whatsapp, el reportero y Jesús; frente a frente, se comunicaban.

Jesús no huía. Quería volver a casa, tenía algo que desenmascararía al asesino. Fan de Garay, atesoraba una copia de la primera edición de Mundo Hierático. El reportero parpadeó; esa edición fue destruida por una errata continuada. Jesús salvó una copia de estrangis de la trituradora.

«En cuanto lo lea lo entenderá», replicó Jesús; «Y… ¿Podría ir a Marcabona a comprarme tapones para los oídos? los calabozos son ruidosos…»

Mercabona de nuevo. Tapones para… Raudo, le pedí al inspector que accediera a las cámaras de seguridad del mercabona.
A las 20.35, captaban a Mario Xavier en blanco y negro arrojando el móvil al contenedor antes de entrar a comprar…. tapones. La madre de Jesús irrumpió en comisaría con un abogado en una mano y la primera edición de Mundo Hierático en la otra. «¿Qué tiene esto de especial?», preguntaba el inspector. El reportero empezó a leer. Página 23. 145. 789. Por tres veces, Hierático… se escribía sin hache. El estilo Xavier. Se dictó una orden de detención.
Xavier confesó. Él había escrito Mundo hierático. Amaba la ciencia ficción, pero temía perder credibilidad como autor serio. Así que creó un alter ego. Noel Garay. Nadie sabía nada de él. Ocultaba siempre sus orejas para que nadie notara que en las entrevistas Xavier le dictaba las respuestas por los auriculares. Era un producto de su imaginación. De ahí que ignorara a Robe. Garay era incapaz de pulir historia alguna.
En algún momento, tomó consciencia de sí mismo y quiso alertar de su propia falsedad. De ahí los SMS. Entonces, Xavier… Lo descreó.
El Fiscal archivó la causa. Garay no era real, así que no había delito. Además, el premio Herralde de ese año se lo concedieron a Xavier no por una novela, sino por Noel Garay. También le otorgaron el premio Nébula por lo mismo. Ahí se emocionó. En cuanto al reportero, el director del periódico dudó entre despedirlo por desprestigiar el premio Homero o subirle el sueldo.

Ni lo uno ni lo otro.

Al acostarse, volvió a sonar el móvil. Desconocido. Apagó el teléfono y se acostó con los calcetines puestos.

No tuvo ni un sueño pequeñito en toda la noche.

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