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Cuatro Personajes En Busca De Cartel

A media mañana, dos centurias de asesores y cargos de confianza abarrotaron el despacho del concejal de Cultura.

–Salve, oh patrono nuestro –declamó al unísono una horda de trajes a medida y móviles de última generación–, gran protector y patrocinador de…

El concejal se frotó los lagrimales.

–Sí, sí… ¿Qué sucede?

–Debemos prepararnos, oh patrono –dijeron las voces, todas a una– para el gran acontecimiento que se avecina… El Evento Malacitano.

El concejal se mostró confuso. ¿El evento…?

–…Malacitano –respondieron.

2013-01-23 - Cuatro Personajes En Busca De Cartel

No tenía ni idea de qué hablaban. Quizás se quedó dormido en una reunión o no llegó a recibir el oficio interno. Se encogió de hombros: a ver, haría falta un calendario de actividades, una partida presupuestaria…

–Y un Cartel –añadieron las voces.

Un cartel. El concejal andaba ya muy quemado con el asunto de los carteles. Desde el cartel de la Feria al del Festival de Cine. Ya este año probó a someter a referéndum la elección del cartel de la feria. Pero ocurrió que el cartel ganador de 2012 creó un mal precedente; toda la ciudad se descargó plantillas de photoshop y se presentó al concurso. El resultado de la votación arrojó un voto por cada cartel. Todo el mundo se votó a sí mismo.

Optó por reclutar a cuatro personas de distintos ámbitos de la cultura malagueña y que entre ellos decidieran el cartel. Si no gustaba, la culpa era de ellos: un cofrade de prestigio, un peñista campeón de dominó, una cool hunter y un articulista de prensa algo misántropo.

Iniciadas las reuniones, la cool hunter opinó que usar herramientas informáticas no era malo. El peñista contestó que eso no tenía mérito, el cartel de la Feria de 2012 se había hecho en diez minutos. El articulista replicó que habrá que cronometrar al artista para ver si su trabajo es bueno. El cool hunter argumentó que lo importante era el mensaje. El cófrade contestó que el mensaje del cartel respondía a una conspiración capitalina: faralaes rojiblancos… Ellos sabían mucho de eso, llevaban toda la vida compitiendo con su Semana Santa.

El articulista sugirió que, ya que molaba el minimalismo, llevémoslo hasta sus últimas consecuencias; dejemos el cartel en blanco. «Sí, hombre»: el año pasado un cartel del Sevilla CF en la Feria y éste ahora del Madrid. La cool hunter zanjó el asunto: eso del cartel en blanco «ya estaba inventado».

El cofrade sugirió hacer algo estilo naïf. Un Evaristo Guerra o un Díaz Rittwagen. No sólo aportaría buen gusto sino también modernidad. La cool hunter replicó que cómo podía hablarse de modernidad usando un estilo de más de un siglo de antigüedad. Al peñista le gustó la idea. El articulista dijo que aquello no era más que crear una ilusión de cambio. El cofrade se indigno: sepa usted que en el patrimonio de la Agrupación de Cofradías no nos falta ningún estilo pictórico. La cool hunter mostró su sorpresa al enterarse de que dicho patrimonio incluía carteles cubistas, fauvistas o surrealistas. El peñista gritó: «¿Fauvista yo? ¡Malaguista de toda la vida!».

Para cuando el concejal se asomó a la reunión, ya habían llegado a las manos.

Al día siguiente, La Opinión destapaba una exclusiva: los miembros de la comisión del cartel del Evento Malacitano eran quintacolumnistas, pagados por el Gobierno de Murcia con el propósito de arrebatar a los malagueños la creación de la cartelería de eventos de la ciudad. Tanto el alcalde como el concejal tuvieron que dar la cara y apaciguar los ánimos. Los miembros de la comisión fueron cesados.

Poco después, como surgido de la nada, aparecía en el Salón de los Espejos un cartel para El Evento: alguien había montado un collage a base de fotos del Cenachero, la Alcazaba, el sombrero de verdiales, el biznaguero y La Farola. El fondo era un tramo de papel de envolver con dibujos de Bob Esponja. Durante unas horas, la ciudad pareció contener la respiración. Finalmente, las redes sociales y los comentarios de las ediciones de prensa online inundaron de elogios el anónimo cartel.

El concejal se repantingó en su sillón, recibiendo aplausos de cuatrocientas manos. «¿Qué es lo que suele decirse en estos casos?»

–Mil Palabras Valen Más Que Una Imagen –respondieron los asesores a coro, y siguieron con los aplausos.

Los despachó con un ligero meneo de mano izquierda.

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